Notas de taller · serigrafía manual

Serigrafía de taller: de la elección de la malla a la última pasada de rasqueta

Un cuaderno abierto sobre el trabajo cotidiano de una mesa de serigrafía: preparar la pantalla, insolar bien el fotolito, medir la presión de la rasqueta y conseguir que el segundo color caiga donde debe. Sin atajos y sin promesas: solo las decisiones que se toman antes de imprimir.

Manos levantando un marco de serigrafía cargado de tinta roja sobre la mesa de impresión
Levantar el marco después de la pasada permite comprobar la carga de tinta y el estado del emulsionado en los bordes del dibujo.

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Marcos y mallas: qué cambia cuando cambia la frecuencia de hilos

La frecuencia de la malla, expresada en hilos por centímetro, decide casi todo lo que ocurre después. Una malla abierta deja pasar mucha tinta y perdona poco: los trazos finos se engordan, los bordes se redondean y el papel puede quedar saturado. Una malla cerrada retiene el detalle pero exige tintas más fluidas, presiones más constantes y una pantalla en mejor estado.

En la práctica se trabaja con un abanico corto. Para tejido con tintas de cuerpo, entre 43 y 62 hilos por centímetro; para prendas oscuras con base blanca cubriente, todavía más abierto. Para papel y cartulina, entre 77 y 120 hilos; y a partir de ahí, para tramas finas, textos pequeños o barnices, se sube a 120 o 140. Cambiar de una franja a otra obliga a revisar la dilución de la tinta y la dureza de la rasqueta, no solo el marco.

El bastidor importa tanto como el tejido. El aluminio mantiene la escuadra y no se deforma con el agua, algo que se agradece cuando se recupera la pantalla muchas veces; la madera resulta más barata y más tolerante en formatos pequeños, pero absorbe humedad y con el tiempo pierde planitud. Si el marco no apoya plano sobre la mesa, ningún ajuste de presión posterior corrige el resultado.

Comprobaciones antes de emulsionar un marco

  • La malla está tensa de forma uniforme, sin zonas blandas cerca de las esquinas.
  • El perfil interior está limpio, sin restos de cinta ni de emulsión antigua.
  • El tejido no presenta cortes, quemaduras ni hilos deshechos.
  • El bastidor apoya plano: no oscila al presionar una esquina.
  • La frecuencia elegida corresponde al soporte y al tipo de tinta previstos.

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Tensado y desengrasado: la parte invisible del resultado

Una pantalla poco tensa se comporta como una lámina que se estira bajo la rasqueta. El dibujo se desplaza unas décimas en cada pasada, el registro se vuelve inestable y la tinta tiende a arrastrarse por debajo del contorno. Cuando la tensión es correcta, la malla se separa del soporte inmediatamente después del paso de la rasqueta y el depósito de tinta queda limpio.

Las cifras habituales dependen del tejido y del uso. Para trabajo textil corriente se manejan tensiones moderadas, en torno a 18–22 N/cm; para papel y trabajos de detalle se sube a 22–28 N/cm con mallas finas. Más importante que el número absoluto es la uniformidad: una diferencia notable entre el centro y los bordes provoca deformaciones locales que no se ven hasta que se imprime el segundo color. Las pantallas recién tensadas pierden tensión durante los primeros días, así que conviene dejarlas reposar y volver a medir antes de emulsionar.

El desengrasado es el paso que más se salta y el que más problemas causa. La malla nueva llega con restos de ensimaje y la usada acumula grasa de las manos, polvo y residuos de disolvente. Sobre esa película la emulsión no ancla bien: aparecen puntos abiertos, la capa se despega en el revelado y el borde del dibujo se deshilacha. Un desengrasante específico de serigrafía, aplicado con esponja suave por las dos caras, aclarado abundante y secado en posición vertical resuelven el problema. No se debe usar detergente doméstico con abrillantadores ni pastas abrasivas domésticas.

  • Desengrasar siempre por ambas caras, también en la malla nueva.
  • Aclarar hasta que el agua escurra sin formar gotas separadas.
  • Secar en vertical y en ambiente sin polvo antes de emulsionar.
  • No tocar la malla limpia con los dedos: usar guantes o los bordes del bastidor.
  • Medir la tensión en el centro y cerca de las cuatro esquinas.
  • Anotar la fecha de tensado en el propio marco para seguir su vida útil.

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Pantalla de serigrafía con emulsión insolada y dibujo abierto, sujeta con una rasqueta de mango de madera
La zona insolada permanece cerrada y solo el dibujo deja pasar la tinta: de la calidad de esa frontera depende el detalle final.

Emulsión, insolación y revelado del estarcido

La capa de emulsión debe ser continua y de espesor previsible. Se aplica con cubeta en una sala con luz filtrada, empezando por la cara de impresión y terminando por la interior, siempre con el mismo número de pasadas y en el mismo orden. Dos pasadas por cada cara suelen bastar para papel; para tejido con tintas de cuerpo se añade una pasada más en la cara exterior, que es la que define el relieve del estarcido.

El secado se hace en oscuridad, en horizontal y con la cara de impresión hacia abajo, a temperatura suave y con aire seco. Una pantalla mal seca se insola de forma irregular y luego se revela a medias, con zonas que se cierran solas al cabo de unos minutos.

Calcular el tiempo de exposición

No existe un tiempo universal: depende de la fuente de luz, de la distancia, del color de la emulsión y del grosor de la capa. La forma fiable de averiguarlo es una prueba escalonada: se cubre el fotolito por franjas y se van descubriendo a intervalos regulares, de modo que en una sola pantalla queden varias exposiciones distintas. Después del revelado se elige la franja en la que el dibujo abre limpio y la emulsión no se reblandece al frotarla.

El revelado empieza con un remojo por ambas caras y agua templada, seguido de una ducha suave sobre la cara de impresión hasta que el dibujo se abre por completo. Conviene resistir la tentación de subir la presión: un chorro fuerte abre antes, pero también socava los bordes y erosiona los detalles finos. Al terminar, se seca la pantalla y se comprueba a contraluz.

Repasos antes de imprimir

Casi ninguna pantalla sale perfecta. Los poros sueltos, las marcas de polvo y los bordes irregulares se corrigen con emulsión de retoque o laca de bloqueo aplicada con pincel fino por la cara exterior, y se dejan secar antes de montar. El perímetro entre el dibujo y el bastidor se cierra con cinta resistente al agua o al disolvente, según la tinta prevista, formando un depósito estable para la carga.

  • Revisar la pantalla a contraluz, no solo apoyada sobre la mesa.
  • Tapar los poros por la cara exterior para no alterar el contacto con el soporte.
  • Dejar secar los retoques por completo antes de cargar tinta.
  • Guardar una nota del tiempo de exposición junto al número de pantalla.

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Elegir la tinta según el soporte: papel y tejido

La tinta no se escoge por color sino por el material que va a recibirla y por la forma en que se va a secar. En papel y cartulina se trabaja sobre todo con tintas de base agua y con tintas de secado por evaporación: fluyen bien en mallas finas, no deforman la fibra si la carga es moderada y permiten apilar con separadores o secar en tendederos de rejilla. El papel muy encolado o estucado acepta menos tinta de la que parece, y el exceso se traduce en marcas de repinte más que en más color.

En tejido conviven dos familias. Las tintas de base agua penetran en la fibra, dejan un tacto casi imperceptible y se curan con calor; exigen trabajar con ritmo, porque secan en la propia malla si la pantalla se queda parada. El plastisol no seca al aire, tolera pausas largas y da opacidad sobre prendas oscuras, pero necesita alcanzar la temperatura de curado en todo el espesor de la capa para fijarse de verdad.

Antes de mezclar un color

  • Comprobar que la tinta es compatible con el soporte y con la fibra concreta.
  • Ajustar la viscosidad con el producto del propio sistema, no con agua o disolvente arbitrarios.
  • Preparar cantidad suficiente de una vez: repetir una mezcla a media tirada rara vez sale idéntico.
  • Hacer una prueba sobre un recorte del mismo material y del mismo lote.
  • Anotar proporciones y referencias para poder repetir el color más adelante.

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Rasqueta: dureza, ángulo, presión y velocidad

La rasqueta no empuja la tinta a través de la malla: la corta y la deposita. Cuando el gesto es correcto, la goma pasa limpia y detrás queda una película uniforme; cuando falla, aparecen bandas, zonas apagadas o un exceso de carga que tarda en secar.

La dureza se mide en grados Shore. Una goma blanda, de unos 60, deposita más tinta y se adapta a superficies irregulares, útil en textil. Una goma media, alrededor de 70, es la opción versátil para la mayoría del trabajo. Una goma dura, de 75 a 80, deja menos tinta y mantiene el detalle en mallas finas, ideal para papel y tramas. El filo debe estar recto: una goma mellada no se compensa con más presión.

El ángulo de trabajo ronda los 70–75 grados respecto al soporte. Al inclinarla más, la superficie de contacto aumenta y la carga sube; al enderezarla, la película se afina. La presión debe ser la mínima que consigue una pasada limpia en un solo movimiento: si hace falta repetir, casi siempre el problema está en la separación entre malla y soporte, en la viscosidad o en el filo, no en la fuerza aplicada.

La velocidad conviene mantenerla constante y más bien lenta con mallas finas, para dar tiempo a que la tinta llene la abertura. La separación entre la malla y el soporte, de unos pocos milímetros, es lo que permite que la pantalla se despegue de inmediato tras el paso; sin ella, la tinta se extiende por debajo y el borde pierde definición.

  • Mantener el mismo ángulo del principio al final de la pasada.
  • Cubrir la pantalla con una pasada de carga antes de imprimir.
  • Revisar el filo de la goma al empezar cada sesión.
  • Ajustar primero la separación, después la presión.
  • Limpiar la goma cuando se cambia de color, no solo al terminar.
  • Guardar las rasquetas en vertical, sin apoyar el filo.

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Registro en la impresión a varios colores

Imprimir a un color perdona bastante; a partir del segundo, cada milímetro se nota. El registro se prepara antes de tocar la tinta: los fotolitos se montan con las mismas marcas de referencia y en la misma posición sobre cada pantalla, de modo que la relación entre dibujo y bastidor sea idéntica en toda la serie.

En la mesa, el soporte se sitúa con topes fijos —tres puntos bastan— que se mantienen inmóviles durante toda la tirada. Las pantallas se ajustan sobre el primer color impreso, no sobre el papel en blanco: se coloca una hoja ya impresa bajo la pantalla siguiente, se mira a contraluz y se corrige la posición con los tornillos de la bisagra hasta que las marcas coinciden.

Cuando el diseño lo permite, un pequeño solape entre colores adyacentes evita las líneas blancas que aparecen con las variaciones inevitables del soporte. El papel y sobre todo el tejido cambian de dimensión con la humedad y con el calor del secado, así que conviene imprimir la serie completa de un color antes de pasar al siguiente y dejar que los soportes se estabilicen entre pasadas.

Orden de trabajo habitual

  • Comenzar por el color que aporta más superficie o sirve de base.
  • Dejar los detalles finos y las líneas de contorno para el final.
  • Imprimir siempre unas pruebas de ajuste antes de la tirada buena.
  • Verificar el registro cada cierto número de copias, no solo al principio.

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Secado, curado y recuperación de las pantallas

Secar y curar no son lo mismo. El secado es la pérdida de agua o disolvente y deja la copia manipulable; el curado es la transformación que hace la película resistente al lavado y al roce. En papel suele bastar con un secado tranquilo en tendedero o en estantería de rejilla, con circulación de aire y sin apilar hasta que la tinta deje de marcar. En tejido, la tinta de base agua necesita calor para fijarse y el plastisol debe alcanzar su temperatura de curado en todo el espesor de la capa, no solo en la superficie.

Una prueba sencilla de curado consiste en lavar una muestra impresa del mismo lote y comprobar si el color pierde intensidad o se agrieta al estirarlo. Es preferible sacrificar un recorte que descubrir el problema en la prenda entregada.

Recuperar el marco

La recuperación se hace en el orden inverso a la preparación: primero se retira la tinta con el limpiador adecuado a su base, después se elimina la emulsión con el producto desincrustante correspondiente y por último se atacan las sombras que quedan en el tejido. Ese velo tenue, la llamada imagen fantasma, no siempre impide reutilizar la pantalla, pero si se acumula termina cerrando aberturas y alterando la carga.

Los productos de recuperación deben aplicarse sobre la malla húmeda y no dejarse secar encima, porque endurecen los restos en lugar de disolverlos. Todo el proceso pide guantes, protección ocular y una zona de lavado con ventilación y con recogida adecuada de residuos; los restos de tinta y de emulsión no deben ir al desagüe común.

  • Retirar el exceso de tinta con cartón antes de usar disolvente.
  • Eliminar la emulsión con la malla mojada y presión moderada.
  • Tratar las sombras solo cuando la pantalla está ya limpia de emulsión.
  • Desengrasar de nuevo antes de volver a emulsionar.
  • Marcar las pantallas que empiezan a perder tensión.
  • Almacenar los marcos en vertical, separados y protegidos del polvo.

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Distribución del taller y ventilación

Un taller de serigrafía funciona cuando el trabajo avanza en una sola dirección y las zonas húmedas no se cruzan con las secas. La secuencia natural va de la preparación de pantallas al emulsionado, de ahí a la insolación, a la mesa de impresión, al secado y finalmente al almacenaje. Si la zona de lavado queda al lado del armario de secado, el polvo y la humedad terminan en las pantallas emulsionadas.

La sala de emulsionado necesita luz filtrada y ausencia de polvo; la insoladora, un espacio propio y estable; la mesa de impresión, iluminación uniforme y sitio suficiente para dejar las copias sin tener que girarse con la hoja en la mano. El secado ocupa más volumen del que se calcula al principio: conviene reservarlo desde el primer plano del taller.

La ventilación merece atención específica. Se trabaja con disolventes, limpiadores y productos de recuperación cuyos vapores se acumulan a ras de suelo en los espacios cerrados. Una extracción localizada en la zona de lavado, entrada de aire limpio en el lado opuesto y superficies fáciles de limpiar reducen la exposición mucho más que abrir una ventana de vez en cuando. En España es habitual además tener en cuenta el calor del verano: las temperaturas altas aceleran el secado de la tinta en la propia malla y obligan a trabajar con tandas más cortas.

  • Separar físicamente la zona húmeda de la zona de emulsionado y secado.
  • Situar la extracción donde se generan los vapores, no en el techo del fondo.
  • Prever superficies de trabajo lavables y suelo sin juntas donde se acumule tinta.
  • Guardar los productos químicos cerrados, etiquetados y fuera de la mesa de impresión.
  • Reservar espacio de secado desde el principio, no improvisarlo después.

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Qué se publica en Brapibrata

Brapibrata es un proyecto informativo y editorial dedicado al trabajo de taller en serigrafía. Los materiales se escriben en forma de notas prácticas: explicaciones de proceso, criterios de elección de materiales y descripciones de los errores más frecuentes con sus causas probables.

Los temas que se desarrollan corresponden a las etapas reales del trabajo y son los que aparecen en esta página: marcos y mallas, tensado y desengrasado, emulsión e insolación, revelado y repasos, elección de tinta según el soporte, técnica de rasqueta, registro a varios colores, secado y curado, recuperación de pantallas y organización del espacio de trabajo.

El sitio no vende materiales ni servicios de impresión, no publica catálogos y no recomienda marcas concretas. Los valores numéricos que aparecen —frecuencias de malla, tensiones, ángulos o durezas— son intervalos orientativos de uso común, y cada taller debe contrastarlos con sus propios materiales, equipos y pruebas.


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